martes, 5 de agosto de 2008

LA CAJA DE GALLETAS


Una importante ejecutiva de una importante empresa multinacional, llegó al aeropuerto para coger su vuelo. Como tenía tiempo de sobra, compró en una tienda unas galletas y un periódico.
Una vez en la sala de embarque, se sentó frente a una mesita y se puso a leer el diario.
Al rato, notó que un caballero entrado en edad se había sentado a su lado.
Cerró el periódico mientras cogía una galleta de la cajita que había dejado encima de la mesa.
Observó, mientras volvía a su lectura, que su vecino de asiento le miraba mientras cogía una de sus galletas. Se quedó sorprendida, pero no le dió mayor importancia dada la avanzada edad del caballero en cuestión.
Un minuto después se repitió la escena. Esta vez se indignó un poco y lanzó a su vecino de asiento una mirada de reproche.
La situación volvió a repetirse varias veces: Cada vez que ella cogía una galleta, el anciano cogía otra.
Su indignación iba en aumento.
Por fin quedó sólo una galleta. La ejecutiva vió con asombro que el caradura del anciano la cogía, la partía por la mitad, se comía una de las partes y le dejaba la otra para ella.
En ese instante llamaron para el embarque y la ejecutiva dió por zanjado el sunto.
Minutos más tarde, cuando ya en el avión se dispuso a ubicar su equipaje de mano, se dió cuenta de que en la bolsa de plástico donde llevaba su periódico, estaba intacta la cajita de galletas que había comprado.

2 comentarios:

serena dijo...

Muy bueno! tal cual. personalmente reconozco haber vivido alguna que otra situación así. En las dos posiciones. Es muy interesante cuando
te permites darte cuenta y verlo. El
resultado es que al final no te tomas
tan en serio y la aptitud ante la vida va siendo más relajada.
saluditos...

Jurema dijo...

Es la situación de tierra trágame!!
Besos